¿Ha Descubierto la Nasa el “Día Perdido” de Josué?

¿Ha Descubierto la Nasa el “Día Perdido” de Josué?
por Bert Thompson, Ph.D.P.
En el décimo capítulo del libro de Josué en el Antiguo Testamento, se registra que el Sol “se detuvo”. A menudo circula la historia de que los científicos de la NASA, usando computadoras para calcular las órbitas de la Tierra y el Sol, descubrieron que había un “día perdido”. La historia continúa narrando que, en un examen adicional estos científicos usaron sus computadoras para encontrar este día perdido, probando que el registro bíblico es fidedigno. ¿Es esta historia verdadera?
R.
De tiempo en tiempo aparecen algunas historias como la descrita anteriormente—en boletines de congregaciones y publicaciones religiosas o incluso en el Internet—como factuales y verdaderas. Sin duda aquellos que propagan tal información tienen buenas intenciones, y tienen como su meta final la defensa de la Biblia en contra de las hondas y flechas de la infidelidad. Sin embargo, la historia no es verdadera. La investigación revela los siguientes detalles.
Muchas historias similares han estado rodeándonos por más de medio siglo. En su libro de 1936, The Harmony of Science and Scripture (La Armonía de la Ciencia y la Escritura), Harry Rimmer dedicó el último capítulo completo a la “Ciencia Moderna y el Día Largo de Josué”. En su tratado, Rimmer relató la historia bíblica de cómo Dios hizo que el Sol se detuviese (Josué 10), y luego hizo el siguiente enunciado acerca de este milagro: “El testimonio final de la ciencia es que tal día dejó su registro para todos los tiempos. Mientras que el tiempo permanezca, el registro de este día debe permanecer. El hecho es atestiguado por hombres eminentes de ciencia, dos de los cuales cito aquí” (1936, p. 280). El Dr. Rimmer luego mencionó a dos científicos—el señor Edwin Ball, un astrónomo británico, y Charles A.L. Totten, un profesor de la Universidad de Yale. Él dio crédito a Ball como siendo el primero en notar que “veinte horas del tiempo solar estaban perdidas”. Rimmer luego hizo las preguntas: “¿Dónde se fueron, cuál fue la causa de este lapso extraño, y cómo pasó?” (p. 280). En el siguiente párrafo, escribió: “Sin embargo, existe un lugar donde la respuesta es encontrada. Y este lugar es autenticado por un científico de estatus. Existe un libro por el Catedrático C.A. Totten de la Universidad de Yale, escrito en 1890, el cual establece el caso sin lugar a dudas” (p. 281). Rimmer luego ofreció lo que el llamó un “resumen” del libro de Totten en el cual, él dijo, puede ser encontrada la información que prueba exactamente cómo el “día perdido” ha sido descubierto. Rimmer incluso dio el día y mes exacto en el cual la batalla de Josué tomó lugar—martes 22 de julio (p. 266).
Antes de responder a la pregunta acerca del supuesto descubrimiento de los científicos de la NASA del “día perdido” de Josué, déjeme hacer varias observaciones acerca de esta versión antigua (de la cual la versión reciente obviamente ha sido modelada—con adorno considerable). Primero, Rimmer declaró específicamente que él tenía el propósito de “citar de” Ball y Totten, aunque ninguno de los enunciados que él ofreció fue colocado en comillas. Segundo, el libro de 1890 que Totten escribió (Joshua’s Long Day and the Dial of Ahaz—El Día Largo de Josué y el Reloj de Acaz) nunca fue nombrado por Rimmer, lo cual parece un poco extraño considerando que Rimmer dedicó un capítulo completo a este tema en su propio libro. Tercero, ninguna referencia bibliográfica fue provista por Rimmer de las obras de Ball o Totten—otra vez, muy inusual, en vista de cómo Rimmer basó su argumento completo en la validez de sus casos respectivos. Cuarto, otros numerosos escritores han hecho grandes esfuerzos para determinar la validez de las reclamaciones de Rimmer, también como aquellas de Ball y Totten, pero sin ningún éxito. Por ejemplo, Bernard Ramm, en The Christian View of Science and Scripture (El Punto de Vista Cristiano de la Ciencia y la Escritura), trató el punto de vista de Rimmer y su referencia a Totten. Ramm formuló su propia conclusión concerniente a la documentación ofrecida por Rimmer, Totten y Ball en una terminología bien-escogida. Él observó: “Esto no he sido capaz de verificar a mi propia satisfacción… El Dr. Kulp ha tratado de chequear esta teoría en Yale [la organización de Totten—BT] y en Inglaterra [el hogar del señor Edwin Ball—BT] y no ha encontrado nada para verificarlo” (1954, pp. 109,117).
Sin duda el mismo Rimmer creía que la historia era verdadera. Pero la documentación que debería haber provisto la prueba estaba seriamente y obviamente ausente. El hecho de cómo estas historias se originan es mucho más difícil de averiguar que el hecho de cómo estas se divulgan. Cuando una historia ha sido “corroborada” con lo que parecen ser nombres creíbles y hechos relevantes, la gente a menudo no se molesta en investigarla adicionalmente. Una vez que es aceptada, esta es entonces usada en lo que el creyente en la Biblia ve como una defensa razonable de la Palabra de Dios. De toda la evidencia ahora disponible, la historia de Ball, Totten y Rimmer simplemente no es verdadera y no debería ser usada en la defensa de la Biblia como la Palabra de Dios.
Lo mismo puede decirse acerca de la versión del tiempo-moderno de la historia. Otra vez, se necesita algún trasfondo histórico. Cuando el relato, como contado por el Dr. Rimmer, fue primero publicado, este causó aparentemente mucho entusiasmo y fue aceptado no críticamente por aquellos que estaban ansiosos de mostrar cómo la ciencia “probaba” que la Biblia era verdadera. Después que el entusiasmo inicial amainó, la historia fue olvidada, o pasada por alto, y finalmente relegada a los montones de reliquias históricas. No obstante, su estadía allí fue breve. Alguien (hasta este día, nadie sabe quién) redescubrió la historia, la “desempolvó”, le dio algo de adorno (sin duda para hacerla más atractiva para la mente científica moderna), proveyó nombres (de individuos, compañías y ciudades) y luego, para que no falte algo, incluyó una referencia a una agencia popular del gobierno que fue, y es, objeto de interés público (la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio—NASA). Con esta “nueva versión” de la historia ahora completa, ésta llegó a tener una credibilidad inherente que pocos pensaron poner en duda o cuestionar.
La versión moderna de la historia sugiere que los científicos de la NASA del Centro Espacial de Vuelo de Goddard en Greenbelt, Maryland, estuvieron usando computadoras sofisticadas para trazar las posiciones del Sol, la Luna y otros planetas 100, y 1000, años en el futuro para calcular las trayectorias espaciales. Repentinamente las computadoras pararon. Como resultado, las computadoras habían descubierto un “día perdido” en el tiempo. Los técnicos no supieron cómo arreglar el problema. Pero uno de los científicos presentes había asistido a la escuela dominical cuando era niño, y recordó una historia en la cual Dios hizo que el Sol se parara por alrededor de un día. Cuando él sugirió esto como una posible solución, los otros científicos le ridiculizaron. Sin embargo, el científico abrió la Biblia en Josué 10 y leyó la historia. El técnico entonces introdujo la nueva información en las computadoras (teniendo en cuenta cuidadosamente el “día perdido” de Josué), y las máquinas una vez más zumbaron juntas perfectamente—casi. Las computadoras repentinamente pararon otra vez porque estas no habían descubierto un día completo; algo todavía faltaba. Aparentemente (así continúa la historia) las computadoras solamente encontraron 23 horas y 20 minutos. En otras palabras, 40 minutos todavía faltaban. Pero el científico que fue a la escuela dominical sugirió la respuesta a este enigma. Él recordó 2 Reyes 20, lo cual indica que el Rey Ezequías, habiendo recibido promesa del aplazamiento de su muerte inminente, había requerido una señal del Cielo. Dios entonces hizo que el Sol se moviera hacia atrás diez grados—¡o exactamente 40 minutos! Esta información fue introducida en las computadoras, y estas una vez más trabajaron perfectamente.
Este cuento llegó a circular extensamente a finales de la década de 1960 y a comienzos de la década de 1970 como resultado de los esfuerzos de Harold Hill, entonces-presidente de la Compañía de Motores de Curtis en Halethorpe (Baltimore), Maryland. En su libro de 1974, How to Live Like a King’s Kid (Cómo Vivir Como un Hijo del Rey), el señor Hill dedicó un capítulo entero a la historia (pp. 65-77) y explicó cómo esto llegó a extenderse tanto. Él declaró que en ocasiones él hablaba a estudiantes de secundaria y universidad concerniente a los temas de la Biblia/Ciencia, y que la historia del “día perdido” de la NASA era una que él “a menudo contaba” (pp. 65-66). De alguna manera (incluso el señor Hill nunca supo cómo), Mary Kathryn Bryan, una columnista del diario Evening World de Spencer, Indiana, recibió un relato escrito de la historia del señor Hill y lo publicó en su columna. Después, Hill anotó, “Varios servicios noticieros recogieron la historia y esta apareció en cientos de lugares” (p. 69, énfasis en original). Sin duda se le proporcionó al relato una cierta cantidad de credibilidad inherente cuando el señor Hill sugirió concerniente al programa espacial en Goddard: “Yo estuve involucrado desde el comienzo, a través de arreglos contractuales con mi compañía” (1974, p. 65). [Sin embargo, la conexión del señor Hill con la NASA era de poca importancia; su compañía tenía un contrato para hacer una revisión de los generadores eléctricos de la agencia del gobierno. Él nunca estuvo conectado en ninguna manera con operaciones de misión o planificación].
Todos los esfuerzos por confirmar el origen de la historia han fallado. Después que apareció un artículo acerca de esta en la revista Bible-Science Newsletter de abril de 1970, varios lectores escribieron al señor Hill. Un artículo posterior de la Bible-Science Newsletter de julio de 1989 hizo mención al hecho que después del artículo de 1970, algunos lectores finalmente recibieron una carta del señor Hill en la cual él declaraba que él no había originado el cuento. En su libro de 1974, él reconoció que no había sido testigo del incidente en la NASA personalmente, y dijo que no podía recordar dónde primero lo había oído, pero insistió que “mi incapacidad de suministrar documentación del incidente del ‘día perdido’ de ninguna manera resta valor a su autenticidad” (p. 71).
Un artículo de la edición de julio de 1989 de la Bible-Science Newsletter reportó que
el Dr. Bolton Davidheiser escribió a la oficina de la NASA en Greenbelt, Maryland, donde se supone que todo esto había pasado. Ellos respondieron que no sabían nada del señor Harold Hill y no podían corroborar la referencia del “día perdido”… El párrafo conclusivo de la carta de la NASA dice: “Aunque nosotros usamos las posiciones planetarias como necesarias en la determinación de las órbitas espaciales en nuestras computadoras, yo no he descubierto que algún ‘astronauta y científico espacial en Greenbelt’ haya estado involucrado en la historia del ‘día perdido’ atribuida al señor Hill” (Bartz, 1989, p. 12).
El origen de la historia en el mejor de los casos es sospechoso (y en el peor de los casos falso). Los hechos, donde puedan verificarse, son incorrectos. Y aquellos supuestamente involucrados en el hallazgo del “día perdido” de Josué admiten no saber nada acerca de tal evento. Adicionalmente, cualquiera que clame que las computadoras de alguna manera pudieran “encontrar” un día perdido falla en entender cómo funcionan las computadoras. Como Paul Bartz ha comentado:
Las computadoras no son máquinas mágicas que pueden averiguar cosas que están escondidas de la gente normal. Aunque son tan maravillosas, están limitadas por el conocimiento que nosotros les damos. Las computadoras dependen de nosotros para su conocimiento. Aunque una computadora pudiera ser usada para producir un calendario desde hoy hasta el pasado distante, lo cual no es una práctica inusual, una computadora no pudiera decirnos si algún tiempo estuvo ausente o no. De hecho, la computadora tuviera que ser programada con toda clase de ajustes para dar cuenta por varios cambios en el calendario occidental durante los pocos años pasados. En pocas palabras, la historia es técnicamente imposible, sin importar cuán sofisticada sea su computadora (1989, p. 12).
La única conclusión que podemos sacar, con respecto a los hechos disponibles, es que la historia es falsa y no debería ser circulada. Nosotros perjudicamos la Palabra de Dios cuando intentamos “defenderla” con historias tales como estas que, con un poco de sentido común y una pequeña cantidad de investigación, pueden ser probadas como no teniendo fundación factual en absoluto.
REFERENCIAS
Bartz, Paul (1989), “Questions and Answers,” Bible-Science Newsletter, 27[7]:12, July.
Hill, Harold (1974), How to Live Like a King’s Kid (South Plainfield, NJ: Bridge Publishing).
Ramm, Bernard (1954), The Christian View of Science and Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans).
Rimmer, Harry (1936), The Harmony of Science and Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans).
Totten, Charles A.L. (1890), Joshua’s Long Day and the Dial of Ahaz (New Haven, CT: Our Race Publishing Co.).

Publicacion de: Jaime Restrepo

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